Un buen amigo argentino me envía media docena de direcciones de redes sociales cuyo motivo conductor es, aparentemente, el libro, aunque mejor habría que decir que lo es la lectura. Las hay en todos los idiomas. Consiste en que escribes la lista de los libros que has leído, estás leyendo o piensas leer, y luego te dedicas a dialogar con la humanidad sobre los sabores y sinsabores que los libros dejan en el paladar. Llegados aquí, y sin haber profundizado más, ni creo que haga falta, me pregunto si debo hacer una ficha de cada uno de los varios miles de libros que tengo en casa, subirlas a la red, observar qué dicen los demás de tales libros y tales opiniones mías, y entre col y col me dedico a ver qué han dicho los demás.
¿De verdad la gente no tiene otra cosa que hacer? ¿He de dar por hecho que quienes gastan su tiempo ahí son una recua de abibliotecados (no tienen libros), analfabetos (apenas saben nada) y aburridos (con la de libros que quedan por leer...)?
Es más poderoso el poder de la pantalla, en tanto que tal, que el de la página, en tanto que experiencia del mundo.