miércoles, 25 de abril de 2012
Ojos de águila
El que quiere andar con cuidado tropieza con frecuencia; y el que intenta sacar un libro sin errores sale mal parado. La imperfección acecha en todas partes, por mucho que los hombres la busquen con ojos de águila. Con mucha frecuencia entrará sigilosamente por la puerta trasera, aun cuando el vigilante tenga los ojos bien abiertos. Ahora el fallo está con el autor que escribe el original, ahora con el impresor que lo lee después. En resumen, será así aunque pase por muchas manos y bajo muchos ojos; cuanto más será así cuando es solamente un hombre quien lo lea.
(Dirk Pieterszoon, 1644)
miércoles, 11 de abril de 2012
El corrector capaz
El corrector (de que hubo antiguamente y hay muchos graduados en las universidades en diferentes ciencias) ha de saber Gramática, Ortografía, Etimologías, Apuntuación, colocación de acentos, tener noticia de las Ciencias y buenas letras, haziéndose capaz de asumpto del libro que se imprime, conocimiento de Autores, de caracteres griegos y hebreos, cifras médicas, astrológicas, abreviaturas escolásticas, reglas de música para libros de canto [...], elocución y arte para emendar barbarismos, solecismos y otros defectos que se cometen en latín y romance, saber el comportamiento de las planas, para que salgan en orden, y numerosos, y cuenta para los folios. Demás desto ha de tener el oído atento a lo que lee, la vista a lo que se mira: el entendimiento a la contextura de lo que se corrige para emendar faltas, y tanta atención que cualquiera defecto corre por su cuenta.
(Gonzalo de Ayala, siglo XVI)
(Gonzalo de Ayala, siglo XVI)
jueves, 5 de abril de 2012
Catálogos
Los catálogos tienen un encanto especial. Se pueden leer por el principio, por el fin o por el medio. No es preciso que guardemos orden en su lectura [...]. Los catálogos más admirables son los de los libros. Quien ame apasionadamente los libros encontrará en un catálogo, a cada paso, motivos de sorpresa, de asombro, de codicia, de pasmo y de admiración. Este libro que se anuncia en el catálogo que tenemos entre las manos, ¿es realmente la edición que codiciamos? De tal obra existe una edición fraudulenta; hay también una edición del mismo año que la que nosotros ansiamos; pero con una variante de importancia. Además, en esta edición anunciada, ¿estará el retrato del autor y la tasa y la fe de erratas que en algunos ejemplares se han suprimido?... Quisiéramos que los libros se describieran y extractaran de tal modo que no fuera necesario comprarlos.
(Azorín, 1925)
(Azorín, 1925)
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