El que quiere andar con cuidado tropieza con frecuencia; y el que intenta sacar un libro sin errores sale mal parado. La imperfección acecha en todas partes, por mucho que los hombres la busquen con ojos de águila. Con mucha frecuencia entrará sigilosamente por la puerta trasera, aun cuando el vigilante tenga los ojos bien abiertos. Ahora el fallo está con el autor que escribe el original, ahora con el impresor que lo lee después. En resumen, será así aunque pase por muchas manos y bajo muchos ojos; cuanto más será así cuando es solamente un hombre quien lo lea.
(Dirk Pieterszoon, 1644)
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