jueves, 31 de marzo de 2011

Iletrados, luego cabalgamos

El mensaje de que vivimos en una era digital y que la literatura clásica ha quedado obsoleta, cobra fuerza. El significado implícito a tal afirmación es el siguiente: "La literatura clásica es demasiado compleja y no nos interesa un público sofisticado con posibles motivaciones imprevisibles". La historia ha demostrado que el temor a leer siempre proviene del temor a pensar.


[Tatiana Shabaeva, El País, suplemento Rusia Hoy, 31 de marzo de 2011]

sábado, 19 de marzo de 2011

Todo pasa

“Todo pasa y nada queda”,
había escrito Antonio Machado,
antes de que le llegaran
las pruebas de imprenta
en las que la pesadumbre
−árbol que abarca la luz
entera, y ciega−
comenzó a deshojarse
gracias a una tachadura.

Faulkner

Faulkner se llamaba, en realidad, William Cuthbert Falkner y, según parece, Falkner apareció como Faulkner, por error, nada menos que en la portada del primer libro del escritor, que decidió adoptar el apellido para siempre.

Linotipista

Cuando hacíamos periódicos con plomo fundido era frecuente que un linotipista viniera con el papel a advertirme de un error; y siempre tenía razón. El gremio de tipógrafos fue el más culto de la clase obrera porque tenían que leer diarios y libros que confeccionaban.

[José Luis Martín Prieto, La Razón, 16 de diciembre de 2010, p. 55.]

Poetarum limae labor

Nil intemptatum nostri liquere poetae,
nec minimum meruere decus uestigia Graeca
ausi deserere et celebrare domestica facta,
uel qui praetextas uel qui docuere togatas.
Nec uirtute foret clarisue potentius armis
quam lingua Latium, si non offenderet unum
quemque poetarum limae labor et mora. Vos, o
Pompilius sanguis, carmen reprehendite quod non
multa dies et multa litura coercuit atque
praesectum deciens non castigauit ad unguem.
Ingenium misera quia fortunatius arte
credit et excludit sanos Helicone poetas
Democritus, bona pars non unguis ponere curat,
non barbam, secreta petit loca, balnea uitat;
nanciscetur enim pretium nomenque poetae,
si tribus Anticyris caput insanabile nunquam
tonsori Licino commiserit. O ego laeuus
qui purgor bilem sub uerni temporis horam!

[Horacio, Ars poetica]

Oraciones del corrector

El placer de tener por profesión leer a los sabios antes de que lo haga nadie, y encima poder corregirles y ponerles penitencias de tres Padreacentos y un Avecursiva.
En el terremoto de Japón, entre las bajas, ¿cuántos iPads han perecido y cuántos han sido dados por desaparecidos?

Leer en la nieve


En estos días en que está teniendo lugar la exposición “¿Dónde lees tú?” en el Centro de Desarrollo Sociocultural de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en Peñaranda, conviene detenerse a observar esta fotografía que hizo Yoichi Hayashi para Associated Press y que ha sido difundida por numerosos periódicos en estos días pasados.
La escena corresponde, por supuesto, como pueden imaginar, a un grupo de personas afectadas por el reciente terremoto de Japón, entre cuyas consecuencias está la incertidumbre del alcance de la contaminación de la radiación nuclear de Fukushima, pero también la destrucción de sus hogares, de sus lugares de trabajo y de todo lo que conformaba su vivir cotidiano; carecen de electricidad y de energía en general, de víveres para alimentarse y de agua, tan imprescindible para todo. Por si fuera poco, nieva. Están al aire libre, en un paisaje completamente nevado a su alrededor, como bien se aprecia. Se reúnen alrededor de un fuego improvisado con unas tablas y maderos. Sus ropas, su calzado y sus prendas de abrigo se parecen a los nuestros. Aunque están en la otra esquina del mundo, todos sabemos que se parecen en muchas cosas a nosotros. Tras la segunda guerra mundial, abandonaron aspectos concretos de sus tradiciones y adoptaron, en general, el modo de vida occidental, el que estilamos en Europa y Norteamérica. Así que si olvidamos sus rasgos físicos, podríamos pensar que forman parte de cualquiera de los países de nuestro entorno.
Tienen un caldero puesto al fuego, pero en él de momento no hay nada. Aunque las dos efigies que se observan a la derecha, sin duda religiosas, se mantienen erguidas, tras el grupo y en un barranco se aprecia una caseta vencida, ladeada pero no desmoronada por el terremoto.
Sería otra fotografía más de las que nos ilustran sobre los cada vez más frecuentes desastres que azotan el planeta. Qué le habremos hecho para que tosa y carraspee de esta manera, teniéndonos en un sinvivir, hoy en Japón, ayer en Haití, antesdeayer en Tailandia. Seria una fotografía más, decía, consumida en la sobredosis de información con que en nuestros días los medios de comunicación nos tienen al tanto de la instantaneidad de la globalización, si no fuera por dos detalles.
El primero es el diseño de las sillas sobre las que están sentados, formando un círculo alrededor de la fogata. Son todas iguales, e incluso hay dos que apreciamos vacías, todas ellas íntegras, en magnífico estado. Están traídas al descampado, sin duda, de algún centro, de algún colegio, del algún lugar donde otras muchas, idénticas, seguramente, habrán quedado ordenadas pese al caos, porque los japoneses, lo estamos viendo en las televisiones, no pierden las maneras educadas, como si fueran británicos. Son sillas como las nuestras, como las que hoy mismo he comprobado que hay en mi lugar de trabajo, probablemente las mismas que haya en una sala u otra de la misma Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Puede que nuestras sillas sean japonesas. Sabemos que aquel pueblo es muy dado a exportar.
El otro detalle es más significativo aún. Puede que a estas alturas de comentario ya lo hayan percibido. Es el que me ha detenido en seco y me ha llevado a escribir su significación. Esas personas están sentadas en sillas como las que nosotros mismos utilizaríamos para una reunión en la que estuviéramos debatiendo algo, en círculo y alrededor de un fuego al que no prestan demasiada atención. Distinguimos, si no cuento mal, trece personas, unas más visibles que otras, unas sentadas y otras a punto de hacerlo. De ellas, hasta nueve están leyendo; algunas sostienen periódicos desplegados en sus manos, otras leen por encima del hombro, o puede que escuchen lo que el de al lado están leyendo.
Acaban de tener un terremoto, lo han perdido todo, no tienen luz, agua ni electricidad, se cierne sobre ellos una nube letal y además nieva. Es el menos grave de todos los males que les circundan. Con todo, más que la sumisión que a cualquiera de nosotros nos despeñaría por la ladera de la desesperación en una circunstancia parecida, abocados a la más pura supervivencia de encontrar alimento, parecen serenos. Tanto, que dedican el tiempo, no sé si muerto, a la lectura atenta del periódico.
Por cierto, un último detalle. Siendo Japón el conocido país inventor y productor de mil gadgets y cacharritos con que han inundado nuestra vida occidental, ninguno de ellos está leyendo las noticias en un iPad.

domingo, 6 de marzo de 2011

Mallarmé

Variación actual sobre Brisa marina: “La carne está triste y, ¡ay!, he leído todos los libros en el iPad” (Stéphane Mallarmé).

miércoles, 2 de marzo de 2011

Tesis doctorales plagiadas

En el mismo día los periódicos traen la noticia de dos tesis doctorales con una alta presunción de falsedad. La primera, que ya rondaba desde hace dos semanas, es la del ministro alemán de defensa, Karl Theodor zu Guttenberg, descendiente del inventor de la imprenta. Le han pillado plagiando una buena parte de sus argumentos, copiados sin citar la fuente. La segunda, la de Saif el Islam, el presunto hijo sensato del dictador Gadafi, leída en la eminente London School of Economics, cuyas cuatrocientas y pico páginas pudiera ser que ni siquiera las hubiera escrito él mismo, sino un negro que no tuvo mayor inconveniente en tomar prestadas ideas y argumentos, sin pararse a mencionar a los autores saqueados.
Sin duda ambos doctores son víctimas no sólo de su falta de pericia, sino también de su alta posición y escrutinio público. Se leen cientos de tesis doctorales cada año en todas partes, pero los autores no suelen ser personajes públicos. Sería interesante que hubiese algún organismo, siquiera una ONG o cuando menos un programa de software que, haciendo las veces de lo que es el papel de un editor o un corrector, comprobase si los contenidos de tanta tesis son originales de su autor.
Mejor no meneallo, no sea que se nos venga abajo el tinglado académico. Pasemos página.

martes, 1 de marzo de 2011

Lectura femenina

La viñeta de hoy de Forges marca una frontera en el tiempo. La escena es recurrente en sus escenarios: él llega a casa y está colgando una prenda, como el abrigo que aquí vemos; ella siempre está sentada en el sofá, a veces viendo la televisión, a veces leyendo. Pero algo nuevo ocurre hoy, y seguramente de hoy en adelante: sobre el brazo del sillón yace un libro, mientras sus manos están ocupadas por una tableta, con coña denominada "iPlast".
Es la primera vez. Hay quien me dice que es la segunda. Igual da. Es una señal de cambio. La postración del libro, boca abajo, es simbólica por sí misma.
Todo muta.