jueves, 23 de abril de 2009

Hoy ha sido 23 de abril, Día del Libro. La viñeta de El Roto en El País era cruel y sintomática de los tiempos:



Sin embargo, como cada año me he dado una vuelta por la plaza Mayor para ver los puestos de los libreros bajo los arcos. Estaban los mismos libros de siempre, los que se venden en estas circunstancias, libros infantiles, bolsillo, gastronomía, algunos clásicos y mucha mucha novela. La gente curioseaba, manoseaba, leía algo e incluso uno que otro acababa comprando. Había carteles alusivos a la jornada y rótulos recordando el descuento permitido.

La ciudadela estaba en paz. Ni rastro de los bárbaros. La polvareda de los invasores que anuncian los periódicos todavía debe de andar por el desierto, cabalgando.

martes, 21 de abril de 2009

En los últimos días se habla en los medios de comunicación de la reducción radical de la publicidad en la televisión pública del Estado, esto es TVE1 y TVE2. En la refriega, Pedro J. Ramírez ha mediado: "Cuestan más de 2.000 millones de euros. No tiene sentido que existan. Si no hay periódicos públicos, ¿por qué tiene que haber televisiones públicas?". Y tan feliz. Me acuerdo de aquel chiste (reflexión, diría) magistral de El Roto que decía algo así como: "Si tiene déficit, que sea público; si tiene beneficios, que sea privado". Llevo muchos años mediendo en conversaciones de colegas la pregunta ¿por qué tiene que haber editoriales públicas?, que inmediatamente me traen a la mente otras muchas preguntas: ¿por qué tiene que haber universidades públicas?, ¿por qué tiene que haber colegios públicos?, ¿y guarderías?, ¿y hospitales?, ¿y centros de salud?, ¿y transporte?, ¿y vigilancia?, ¿y alcantarillado? Eso sí, no hay manera de que privaticen la religión. Me pregunto si tantos pedrojotas son liberales o simplemente avariciosos.
Quince años después de que Camilo José Cela ganara en 1994 el Premio Planeta con una novela titulada La Cruz de San Andrés (¿por qué tanta mayúscula?), leo hoy en la prensa que una juez de Barcelona parece ver "indicios racionales" de plagio sobre un original de María del Carmen Formoso que se presentó al mismo premio en la misma convocatoria: ella lo presentó a primeros de mayo, él el 30 de junio, el último día en el que se admitían originales; se deduce que alguien de la editorial le facilitó al Nobel una copia de la novela de la buena mujer y Cela tiró por el camino de en medio, que es el que lleva a la victoria. Visto esto, sólo me cabe el desaliento sobre la mentira del mundo. Todo es apariencia. Oropel y nada.

domingo, 12 de abril de 2009

En 1846, las hermanas Charlotte, Anne y Emily Brontë publicaron el volumen Curren, Ellis and Acton Bell, en el que reunieron sus versos. Se vendieron dos ejemplares y apenas se le dedicó alguna reseña. Eso era en el mismo año en el que estaban rematando Jane Eyre, Cumbres borrascosas y Agnes Grey, respectivamente. En fin.

miércoles, 1 de abril de 2009

Un editorial de El País del jueves 19 de marzo hablaba de cómo hay sectores que están aguantando bien la crisis, entre ellos el del libro. Aprovechaba las estadísticas del INE para comentar los casi 76.000 títulos aparecidos el año pasado, según esa estadística un 20% más que el año pasado. Aunque las tiradas se habían reducido, como pasa cada año, comentaba que "consta que las cifras se ven engordadas por la aparición de pequeñas editoriales que sacan dos o tres libros al año, y por las publicaciones a mayor gloria de los padres de la patria editadas por los ministerios, diputaciones y otras instituciones públicas". Y decía luego otras cosas. El mismo día, Publico casualmente también dedicaba otro editorial (¡qué día! No te hacen caso nunca y de repente dos tarjetas rojas) comentando "lo que gastan las imprentas del poder", en esta ocasión al hilo de la presencia en los Presupuestos Generales del Estado de la partida que allí está cada año destinada al gasto en publicaciones oficiales: 24,2 millones de euros. Y añade que "ese gasto podría haber sido mayor si la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega no hubiese tomado cartas en el asunto y eliminado la edición de memorias y obras análogas, que mantedrán la consideración de documentos internos. También ha pedido a los subsecretarios y directores generales que se coordinen y eviten las duplicidades de obras".
Supongo que ambos editorialistas terminaron sus faenas y se fueron a casa con el deber cumplido, sin alcanzar a ver más allá de sus narices. No salimos nunca de los tópicos ni en asuntos como éste entramos a realizar verdaderos análisis. Faltó que dijeran que ministerios, diputaciones y demás instituciones no saben distribuir y que los ejemplare se pudren en los almacenes, que los libros que se editan son inútiles y no los lee nadie y que ese dinero mejor se podría haber empleado en [póngase aquí cualquier ocurrencia].
Me cansa defender la edición pública. Me gustaría que alguien alguna vez se detuviera a comprobar un catálogo de esos que denigran y dijeran si los ciudadanos de tal provincia no tiene derecho a tener a su disposición libros sobre su entorno más cercano. O una universidad no diera cauce a la investigación de sus profesores. O una fundación no pusiera en páginas el objeto de su existencia. O los ministerios: hace años que todo eso que dice Público ya se viene haciendo, hay un control riguroso de cada título publicado, de su tirada, de su destino... No sobra ni un ejemplar en sus almacenes. Los ministerios están a a la vanguardia de la reconversión de sus nuevos títulos a formato digital. Un 50% este año ya aparecen exclusivamente en esa nueva modalidad, sin papel.
Tal vez deberían todos, ministerios, diputaciones e instituciones, dejar de publicar de una vez por todas. Ni un solo libro. Seguramente los mismos editorialistas hablarían entonces de la dejadez de los ministerios y demás, de la falta de atención hacia los ciudadanos a los que no les ofrecen la documentación que necesitan.
Claro que siempre los podrían editar, como algunos piden, empreas privadas. Con dinero público, por supuesto.