Mostrando entradas con la etiqueta Preguntas bárbaras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Preguntas bárbaras. Mostrar todas las entradas
sábado, 19 de marzo de 2011
miércoles, 6 de octubre de 2010
Herencias
Tengo en mi biblioteca algunos libros que formaron parte de la de mi abuelo, en las primeras décadas del siglo XX. ¿Podrán mis nietos conservar también en su biblioteca algunos de los libros con los que hoy acreciento la mía en formato digital?
jueves, 30 de septiembre de 2010
Anobii y otras redes sociales
Un buen amigo argentino me envía media docena de direcciones de redes sociales cuyo motivo conductor es, aparentemente, el libro, aunque mejor habría que decir que lo es la lectura. Las hay en todos los idiomas. Consiste en que escribes la lista de los libros que has leído, estás leyendo o piensas leer, y luego te dedicas a dialogar con la humanidad sobre los sabores y sinsabores que los libros dejan en el paladar. Llegados aquí, y sin haber profundizado más, ni creo que haga falta, me pregunto si debo hacer una ficha de cada uno de los varios miles de libros que tengo en casa, subirlas a la red, observar qué dicen los demás de tales libros y tales opiniones mías, y entre col y col me dedico a ver qué han dicho los demás.
¿De verdad la gente no tiene otra cosa que hacer? ¿He de dar por hecho que quienes gastan su tiempo ahí son una recua de abibliotecados (no tienen libros), analfabetos (apenas saben nada) y aburridos (con la de libros que quedan por leer...)?
Es más poderoso el poder de la pantalla, en tanto que tal, que el de la página, en tanto que experiencia del mundo.
lunes, 7 de diciembre de 2009
lunes, 9 de noviembre de 2009
Los futuros ebooks antiguos, raros y curiosos
Ayer finalizó la XVII Ferila del Libro Antiguo y de Ocasión. Es un rito que cumplo al menos dos o tres veces al año: visitar las casetas donde me ofrecen libros que no sospecho que existían, con un fuerte juego del azar y la sorpresa. Dos veces al año en el paseo de Recoletos, ocasionalmente la cuesta de Moyano cuando se tercia, quizá un mercadillo o una feria pillada al vuelo casual, y por octubre sobre el tablero de piedra de la plaza Mayor salmantina. Uno curiosea los anaqueles, las mesas, los rincones, esperando encontrar el desamparo de un volumen que entre las manos se vuelve pájaro. ¿Qué será de estas ferias cuando la modernidad absoluta del libro electrónico se imponga? ¿Qué veremos bajo la sombra de las trapas? ¿Cómo se alinean los ebooks en una feria de ocasión? ¿Por tipo de aparato lector, por sistema de lectura, por año o versión del programa? ¿Cómo se hojean? ¿?Funcionan? ¿Desde cuándo un libro "funciona"? ¿Qué será un "libro raro y curioso" cuando ya no sean de papel? ¿Tendrá sentido una feria de cacharros sin cubierta, sin olor a humedad, sin esquinas rotas?
jueves, 1 de octubre de 2009
Lectura de barra de bar
A media mañana me salgo a tomar un cafelito con algo sólido, para engañar al cuerpo. Cuando lo hago solo, suelo husmear a lo largo de la barra a ver qué hay para comer, y acto seguido a ver qué hay para leer. Habitualmente no es mucho: algún periódico local o alguno deportivo. Pero suficiente. En un cuarto de hora soy capaz de repasar desde los entresijos municipales a los sucesos de juzgado y la programación de televisión. O los percances de las rotaciones en el Barça. Pregunta: cuando ya no haya periódicos de papel, con sus manchas de café o tortilla, maldoblados, manoseados, ¿qué haremos en las barras de los bares los que nos entretenemos leyendo entre sorbo y sorbo de café? No me imagino pantallas táctiles con manchas de grasa de churros allí donde el dedo conduce a la sección de local.
sábado, 22 de agosto de 2009
¿Y qué será de aquello que todos los lletraferits hemos dicho tantas veces del olor a tinta? La embriaguez de la imprenta, de arrimar a la nariz un libro recién impreso y cerrar los ojos, enturbiados... Hablaban en el periódico de los tomates de invernadero, hermosos, de buen tamaño, disponibles durante todo el año, pero sin sabor. ¿A qué huele un portalibros electrónico?
miércoles, 29 de julio de 2009
¿Podré llorar de impotencia si me olvido el ebook (portalibros) en el asiento de un tren, con sus 4.000 libros incorporados, que fui seleccionando, comprando, anotando, releyendo durante tanto tiempo? ¿Podré desesperadamente buscar sus copias en papel en una estantería que ya no tendré en mi casa? ¿Debería duplicar mi biblioteca? ¿Y todas las fotos digitales? ¿Por qué le tengo tanto miedo a la fragilidad digital?
domingo, 19 de julio de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)