A media mañana me salgo a tomar un cafelito con algo sólido, para engañar al cuerpo. Cuando lo hago solo, suelo husmear a lo largo de la barra a ver qué hay para comer, y acto seguido a ver qué hay para leer. Habitualmente no es mucho: algún periódico local o alguno deportivo. Pero suficiente. En un cuarto de hora soy capaz de repasar desde los entresijos municipales a los sucesos de juzgado y la programación de televisión. O los percances de las rotaciones en el Barça. Pregunta: cuando ya no haya periódicos de papel, con sus manchas de café o tortilla, maldoblados, manoseados, ¿qué haremos en las barras de los bares los que nos entretenemos leyendo entre sorbo y sorbo de café? No me imagino pantallas táctiles con manchas de grasa de churros allí donde el dedo conduce a la sección de local.
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