Lo peor de todo no en la invasión de estos bárbaros, saltimbanquis, constructores de ingenios efímeros, papanatas y mercaderes de bagatelas; lo humillante en la actitud de estos vendefuturos y tragaperras es el desprecio hacia la ciudadanía romana, la palabrería pomposa de comerciantes a sueldo con que pretenden ridiculizar al que no les compra su cornamusa de oro.
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