sábado, 27 de noviembre de 2010

Libros de molde

La pregunta que me hicieron a bocajarro era cómo se escribe: ¿e-lectura o electura? La respuesta no era fácil, porque ninguna de las dos formas léxicas para enunciar la “lectura sobre soporte electrónico” se corresponde todavía con términos admitidos en buena ley por la lengua castellana; digamos que por los diccionarios al uso, más concretamente. Suponiendo que ésa que he entrecomillado sea la acepción de lo que estamos hablando, porque la Real Academia Española define lectura en su primera acepción como “acción de leer”, así que quizá algún día, cuando admita la nueva palabra (sea ésta cual sea) habrá que matizarla mejor: “Acción de leer sobre soporte electrónico”. Si es que la admite.
A nadie se le escapará que la palabra que estamos intentando acorralar se enmarca dentro del proceso de formación de nuevos vocablos, a partir de calcos del inglés, con que se pretenden diferenciar las nuevas acciones que se están produciendo con la implantación de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información sobre los mismos hechos de toda la vida, pero que ahora son electrónicos; la lengua inglesa, breve siempre, lo sintetiza con la incrustación de un prefijo e- que marca esa diferencia: e-learning, e-book, e-library, e-reader, e-reading y así. Los hablantes de español, partiendo de ese calco (cuando no usando muchas veces la propia voz inglesa) estamos jugando con variaciones (e-libro, elibro —alguna altamente heterodoxa con los usos tradicionales de la gramática:— eLibro), y también con la traslación perifrástica pero correcta: libro electrónico, por supuesto.
Hace unos años me enfrenté a un problema similar que me forzó a escribir un artículo que publicó José Antonio Millán (http://jamillan.com/celpas.htm): se trataba de la expresión en español para lo que los ingleses llaman print on demand: en nuestro idioma tenemos no menos de una decena de denominaciones para lo mismo: edición o impresión bajo demanda, edición o impresión por demanda, edición o impresión sobre pedido, edición o impresión bajo pedido, edición o impresión según pedido, edición o impresión por pedido, edición o impresión a pedido, edición o impresión a la carta, producción a demanda y, por último, libro instantáneo. Sin embargo, desde el sector de las artes gráficas, luminosamente, coinciden en una única denominación que a mi parecer es la más acertada en nuestra lengua: impresión digital.
No me cabe ninguna duda de que estamos en los albores de una nueva jerga en el campo léxico relacionado con el libro y la lectura, pero tampoco me cabe ninguna de que andando el tiempo (dejemos que pasen más años) todo esto habrá sido un episodio y las cosas volverán a denominarse con sus vocablos tradicionales: la impresión digital abandonará el adjetivo y se quedará en simple impresión, puesto que perderá novedad y será uno más de los procedimientos que ha habido, hay y habrá para imprimir. Y lo mismo le pasará a la electura, al elibro y a la ebiblioteca: volverán a ser los simples términos que fueron: lectura, libro y biblioteca. Y si no, sirva de ejemplo que cuando se asentó la imprenta de Gutenberg y los libros impresos comenzaron a circular por toda Europa en la segunda mitad del siglo XV, hubo que diferenciarlos y empezar a llamar libros de mano a los que eran manuscritos —que hasta entonces eran los únicos de que se disponía—, y a los nuevos se dio en llamarles libros de molde, una dicotomía léxica que en nada se diferencia, si lo pensamos bien, de ese intento actual de diferenciar entre el ebook y el book, esto es, entre el elibro y el libro. La misma cosa son, y la misma cosa volverán a ser con el tiempo.

sábado, 9 de octubre de 2010

Temor de Nobel

“Espero que los cambios tecnológicos no signifiquen una banalización, una trivialización del consumo de libros. Creo que incluso existe la posibilidad de que las nuevas tecnologías permitan explorar los problemas más esenciales del ser humano. De nosotros depende que no se acabe con ese avance de la civilización que representa el libro” (declaración de Mario Vargas Llosa, el 7 de octubre de 2010, día en que le concedieron el Premio Nobel de Literatura).

miércoles, 6 de octubre de 2010

Herencias

Tengo en mi biblioteca algunos libros que formaron parte de la de mi abuelo, en las primeras décadas del siglo XX. ¿Podrán mis nietos conservar también en su biblioteca algunos de los libros con los que hoy acreciento la mía en formato digital?

domingo, 3 de octubre de 2010

Cambio de vida

El texto que supuestamente pretendía ser editado, comenzaba diciendo en su primera frase: "Cuando Lidia tuvo nueve anos, su vida cambió completamente". No me extraña. Tan prodigioso delta intestinal le cambia la vida a cualquiera.
Cuando el autor no es capaz de escribir bien, ni volver a leer ni una segunda ni ninguna vez más la primera frase de su libro, qué puede hacer el editor, el corrector, el lector... Cierto que todo alfarero rompe un puchero, pero hay quien en vez de manos tiene martillos.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Anobii y otras redes sociales

Un buen amigo argentino me envía media docena de direcciones de redes sociales cuyo motivo conductor es, aparentemente, el libro, aunque mejor habría que decir que lo es la lectura. Las hay en todos los idiomas. Consiste en que escribes la lista de los libros que has leído, estás leyendo o piensas leer, y luego te dedicas a dialogar con la humanidad sobre los sabores y sinsabores que los libros dejan en el paladar. Llegados aquí, y sin haber profundizado más, ni creo que haga falta, me pregunto si debo hacer una ficha de cada uno de los varios miles de libros que tengo en casa, subirlas a la red, observar qué dicen los demás de tales libros y tales opiniones mías, y entre col y col me dedico a ver qué han dicho los demás.
¿De verdad la gente no tiene otra cosa que hacer? ¿He de dar por hecho que quienes gastan su tiempo ahí son una recua de abibliotecados (no tienen libros), analfabetos (apenas saben nada) y aburridos (con la de libros que quedan por leer...)?
Es más poderoso el poder de la pantalla, en tanto que tal, que el de la página, en tanto que experiencia del mundo.

sábado, 12 de junio de 2010

Quandoque bonus dormitat Homerus

Hasta el buen Homero echa una cabezadita de vez en cuando, escribió Quinto Horacio Flaco en el verso 359 de su Epístola a los Pisones, con el sentido indulgente de que incluso el más sabio de los sabios comete errores algunas veces o, dicho de otro modo, no hay obra humana que sea perfecta, y ni muchísimo menos la corrección de un libro.

viernes, 11 de junio de 2010

Feria del Retiro

Ayer estuve en la Feria del Libro del Retiro. Lo del retiro estará bien si dentro de unos años los libros de papel se retiran. Ayer seguían allí, por montones, como siempre. Este año la organización había aceptado ya la presencia de los libros electrónicos, pero sólo vi una caseta en la que había un portátil de cara a los visitantes, con un aviso sobre él que decía: "Descárguese aquí sus libros electrónicos". Para ese viaje no hacían falta alforjas: lo puedo hacer desde casa.
Me imaginé luego que quizá en el futuro la feria sea así, una sucesión de casetas sin la barahúnda de libros de papel y tan sólo un ordenador en el centro del mostrador, y los lectores haciendo cola no para que nos firme el autor el ejemplar, sino para descargar aquí uno, allí otro.
También me imaginé que la habitual tormenta (ayer llovió todo lo que quiso, como siempre) haga cisco algún transformador de energía y la feria se apague, se quede sin libros, ni uno solo, por falta de corriente. Será grandioso. Y los viejos contaremos batallitas de aquellos tiempos en que ni el agua podía con la feria.