miércoles, 15 de diciembre de 2010

Cruce de cables

Leo en un libro de una editorial salmantina, por otra parte excelente, que su autora, también salmantina, y también excelente, se traga un lapsus de esos que nadie te avisa y sólo ya impresos se manifiestan en su esplendor. En la primera línea de la página 44 dice: “Aun así Salamanca, como bien decía Unamuno, enhechiza la voluntad de los que a ella acuden…”, siendo cierto que la frase correcta es “Salamanca, que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado”. Y no la dijo Unamuno, sino que la escribió Cervantes.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Boscán

En la epístola preliminar dirigida a doña Gerónima Palova de Almogávar, con que se abre la primera edición castellana de El Cortesano de Baldassare Castiglione, traducido por Boscán, escribe Garcilaso (autor de la epístola citada) que no ha tenido nada que ver con la traducción de la obra, salvo en persuadir a Boscán para que la publicara con presteza, aunque declara que este último “me hizo estar presente a la postrera lima, más como hombre acogido a razón que como ayudador de ninguna enmienda”.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Libros de molde

La pregunta que me hicieron a bocajarro era cómo se escribe: ¿e-lectura o electura? La respuesta no era fácil, porque ninguna de las dos formas léxicas para enunciar la “lectura sobre soporte electrónico” se corresponde todavía con términos admitidos en buena ley por la lengua castellana; digamos que por los diccionarios al uso, más concretamente. Suponiendo que ésa que he entrecomillado sea la acepción de lo que estamos hablando, porque la Real Academia Española define lectura en su primera acepción como “acción de leer”, así que quizá algún día, cuando admita la nueva palabra (sea ésta cual sea) habrá que matizarla mejor: “Acción de leer sobre soporte electrónico”. Si es que la admite.
A nadie se le escapará que la palabra que estamos intentando acorralar se enmarca dentro del proceso de formación de nuevos vocablos, a partir de calcos del inglés, con que se pretenden diferenciar las nuevas acciones que se están produciendo con la implantación de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información sobre los mismos hechos de toda la vida, pero que ahora son electrónicos; la lengua inglesa, breve siempre, lo sintetiza con la incrustación de un prefijo e- que marca esa diferencia: e-learning, e-book, e-library, e-reader, e-reading y así. Los hablantes de español, partiendo de ese calco (cuando no usando muchas veces la propia voz inglesa) estamos jugando con variaciones (e-libro, elibro —alguna altamente heterodoxa con los usos tradicionales de la gramática:— eLibro), y también con la traslación perifrástica pero correcta: libro electrónico, por supuesto.
Hace unos años me enfrenté a un problema similar que me forzó a escribir un artículo que publicó José Antonio Millán (http://jamillan.com/celpas.htm): se trataba de la expresión en español para lo que los ingleses llaman print on demand: en nuestro idioma tenemos no menos de una decena de denominaciones para lo mismo: edición o impresión bajo demanda, edición o impresión por demanda, edición o impresión sobre pedido, edición o impresión bajo pedido, edición o impresión según pedido, edición o impresión por pedido, edición o impresión a pedido, edición o impresión a la carta, producción a demanda y, por último, libro instantáneo. Sin embargo, desde el sector de las artes gráficas, luminosamente, coinciden en una única denominación que a mi parecer es la más acertada en nuestra lengua: impresión digital.
No me cabe ninguna duda de que estamos en los albores de una nueva jerga en el campo léxico relacionado con el libro y la lectura, pero tampoco me cabe ninguna de que andando el tiempo (dejemos que pasen más años) todo esto habrá sido un episodio y las cosas volverán a denominarse con sus vocablos tradicionales: la impresión digital abandonará el adjetivo y se quedará en simple impresión, puesto que perderá novedad y será uno más de los procedimientos que ha habido, hay y habrá para imprimir. Y lo mismo le pasará a la electura, al elibro y a la ebiblioteca: volverán a ser los simples términos que fueron: lectura, libro y biblioteca. Y si no, sirva de ejemplo que cuando se asentó la imprenta de Gutenberg y los libros impresos comenzaron a circular por toda Europa en la segunda mitad del siglo XV, hubo que diferenciarlos y empezar a llamar libros de mano a los que eran manuscritos —que hasta entonces eran los únicos de que se disponía—, y a los nuevos se dio en llamarles libros de molde, una dicotomía léxica que en nada se diferencia, si lo pensamos bien, de ese intento actual de diferenciar entre el ebook y el book, esto es, entre el elibro y el libro. La misma cosa son, y la misma cosa volverán a ser con el tiempo.

sábado, 9 de octubre de 2010

Temor de Nobel

“Espero que los cambios tecnológicos no signifiquen una banalización, una trivialización del consumo de libros. Creo que incluso existe la posibilidad de que las nuevas tecnologías permitan explorar los problemas más esenciales del ser humano. De nosotros depende que no se acabe con ese avance de la civilización que representa el libro” (declaración de Mario Vargas Llosa, el 7 de octubre de 2010, día en que le concedieron el Premio Nobel de Literatura).

miércoles, 6 de octubre de 2010

Herencias

Tengo en mi biblioteca algunos libros que formaron parte de la de mi abuelo, en las primeras décadas del siglo XX. ¿Podrán mis nietos conservar también en su biblioteca algunos de los libros con los que hoy acreciento la mía en formato digital?

domingo, 3 de octubre de 2010

Cambio de vida

El texto que supuestamente pretendía ser editado, comenzaba diciendo en su primera frase: "Cuando Lidia tuvo nueve anos, su vida cambió completamente". No me extraña. Tan prodigioso delta intestinal le cambia la vida a cualquiera.
Cuando el autor no es capaz de escribir bien, ni volver a leer ni una segunda ni ninguna vez más la primera frase de su libro, qué puede hacer el editor, el corrector, el lector... Cierto que todo alfarero rompe un puchero, pero hay quien en vez de manos tiene martillos.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Anobii y otras redes sociales

Un buen amigo argentino me envía media docena de direcciones de redes sociales cuyo motivo conductor es, aparentemente, el libro, aunque mejor habría que decir que lo es la lectura. Las hay en todos los idiomas. Consiste en que escribes la lista de los libros que has leído, estás leyendo o piensas leer, y luego te dedicas a dialogar con la humanidad sobre los sabores y sinsabores que los libros dejan en el paladar. Llegados aquí, y sin haber profundizado más, ni creo que haga falta, me pregunto si debo hacer una ficha de cada uno de los varios miles de libros que tengo en casa, subirlas a la red, observar qué dicen los demás de tales libros y tales opiniones mías, y entre col y col me dedico a ver qué han dicho los demás.
¿De verdad la gente no tiene otra cosa que hacer? ¿He de dar por hecho que quienes gastan su tiempo ahí son una recua de abibliotecados (no tienen libros), analfabetos (apenas saben nada) y aburridos (con la de libros que quedan por leer...)?
Es más poderoso el poder de la pantalla, en tanto que tal, que el de la página, en tanto que experiencia del mundo.