sábado, 3 de marzo de 2012
viernes, 24 de febrero de 2012
El editor clásico
Cuando se habla de la figura del editor, los ajenos a esta profesión piensan siempre en el publisher literario y se lo imaginan ─como en las películas─ un caballero maduro fumando en pipa, sentado en su despacho, más bien lujoso, con una chimenea encendida, y tal vez un perro correctamente tumbado, intentando convencer al autor de la novela de que convendría modificar el final, o suprimir un determinado personaje. Y al autor, más bien sumiso ante el todopoderoso editor, aunque algo reticente a los cambios sugeridos, pero agradecido por el hecho de ser publicado por primera vez.
Y sin embargo, como se sabe, nada más lejos de la realidad. El editor, tanto de libros de creación literaria como de libros de conocimiento, es un individuo ajetreado y por lo general angustiado, que pelea por contratos que caducan, por anticipos que le parecen exorbitantes (y a menudo lo son), o por una subasta de derechos, que pasa buena parte de su tiempo haciendo presupuestos y rehaciendo la cuenta de resultados, preocupado por el papel que compró y que no llega a tiempo, por el anuncio mal situado en la página del periódico, por culpa de la imprenta que se retrasa con la reimpresión de la única novedad reciente que se vende, cabreado con las devoluciones, con la caída del peso mexicano, con la infidelidad de un autor de los “de casa”...
Hablo, claro está, del editor unipersonal, el auténtico, el clásico, el hombre orquesta (no me estoy refiriendo a la gran empresa editorial, con su división de trabajos, distintas áreas de responsabilidad y múltiples engranajes). Me refiero al editor en estado químicamente puro, el industrial de materia noble que se asocia con el inventor del libro de creación, que es el eje de todo, el “deus ex machina”, y lo convoca, lo apoya, difunde su invento y le retribuye su trabajo, de acuerdo con la aceptación de los compradores, mediante una regalía o porcentaje. Es el jugador de ruleta que hace sus apuestas, no siempre acertadas, pero sí algunas veces y, entonces, ¡qué satisfacción! ¡Cuántos sinsabores recompensados!
(Mario Lacruz, 2000)
Y sin embargo, como se sabe, nada más lejos de la realidad. El editor, tanto de libros de creación literaria como de libros de conocimiento, es un individuo ajetreado y por lo general angustiado, que pelea por contratos que caducan, por anticipos que le parecen exorbitantes (y a menudo lo son), o por una subasta de derechos, que pasa buena parte de su tiempo haciendo presupuestos y rehaciendo la cuenta de resultados, preocupado por el papel que compró y que no llega a tiempo, por el anuncio mal situado en la página del periódico, por culpa de la imprenta que se retrasa con la reimpresión de la única novedad reciente que se vende, cabreado con las devoluciones, con la caída del peso mexicano, con la infidelidad de un autor de los “de casa”...
Hablo, claro está, del editor unipersonal, el auténtico, el clásico, el hombre orquesta (no me estoy refiriendo a la gran empresa editorial, con su división de trabajos, distintas áreas de responsabilidad y múltiples engranajes). Me refiero al editor en estado químicamente puro, el industrial de materia noble que se asocia con el inventor del libro de creación, que es el eje de todo, el “deus ex machina”, y lo convoca, lo apoya, difunde su invento y le retribuye su trabajo, de acuerdo con la aceptación de los compradores, mediante una regalía o porcentaje. Es el jugador de ruleta que hace sus apuestas, no siempre acertadas, pero sí algunas veces y, entonces, ¡qué satisfacción! ¡Cuántos sinsabores recompensados!
(Mario Lacruz, 2000)
sábado, 21 de enero de 2012
Instrumentos de lectura
El teléfono no se inventó para leer libros. Sin embargo, la taza del retrete sí.
miércoles, 18 de enero de 2012
La vida de un artista
"Gabriele D'Annunzio (1863-1938) fue el gran escritor italiano de su época y uno de los modelos a imitar en la Europa de entresiglos. Pocas veces la vida de un hombre, de un artista, ha tenido tanto que ver con su propia vida" (Luis Enrique de Villena, El Mundo, 18 de enero de 2012, p. 41).
sábado, 7 de enero de 2012
Ex perto
Aceptemos que las novedades gramaticales tarden un tiempo en ser asimiladas y se vuelvan de uso corriente. Todo necesita tiempo para asentarse. Pero hay quien sufre el síndrome de Hamlet y la vacilación le pierde. Tal debió de ser el caso del periodista Andreu Manresa (El País, 5.1.2012, p. 14), que en una sola columna zigzaguea sobre el pulsador del espacio de su teclado cuando se le viene encima el prefijo ex, y así de una sentada le salen exGobierno de Baleares; ex presidente Jaume Matas; los antiguos asesores; excolaboradores de Matas; ex empleada de Nóos; exejecutivo Juan Pablo Molinero; cuatro ex altos cargos del Gobierno; ex director general de Deportes; exgerente del Instituto Balear de Turismo; exsecretaria de Presidencia; exsecretario de Turismo; Bonet, exasesor.
miércoles, 20 de julio de 2011
Ikea
Acababan de nombrar al ministro de Fomento, Pepiño Blanco, como Portavoz del Gobierno. Era viernes 15 de julio de 2011 y tenía su primera comparecencia ante los medios de comunicación tras el pertinente Consejo de Ministros, en cuyo orden del día figuraba la aprobación del trámite de nacionalización de un jugador de baloncesto de apellido Ibaka. Ni corto ni perezoso, el ministro gallego, a lo que se ve poco aficionado a la lectura de la prensa deportiva, que en esos días daba cobertura al asunto, afirmó que el Gobierno había procedido a la nacionalización de Ikea.
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