El escritor Ricardo Menéndez Salmón ha publicado una novela con el título de El corrector. Ha sido en el año 2009. Me da igual la editorial. El protagonista reflexiona sobre el sentido de la vida desde un supuesto oficio de corrector de pruebas de imprenta. Digo yo que si saben lo que es el decoro, esto es, que por lo menos parezca que es verdad. Si el protagonista finge ser un corrector, qué menos que el libro en el que vive sea un ejemplo de virtud. Ciertamente que no he encontrado las vulgares erratas, tan comunes, pero la dejación de la puesta en página de la obra es un clamor. Ya nadie sabe lo que es una viuda, ni los deberes del corte de línea, ni la secuencia entre comillas y puntos, ni los blancos de respeto correctos o los equilibros en la jerarquía de cuerpos de letra, qué sé yo. Son tan feos los libros ahora. Aunque lleven un corrector dentro.
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