jueves, 28 de abril de 2011

Urueña

El sábado 16 de abril era un día más que apetecible para la dispersión del espíritu. Hacía un sol esplendoroso, comenzaban para muchos unos días vacacionales y más de cuatro tenían la jornada anotada con versales en la agenda para pegarse a la televisión a la caída del sol, con el primero de los infinitos duelos a muerte entre merengues y culés. Todo animaba a la evasión más que a escuchar respuestas sobre el debate del siglo, que no es futbolístico sino libresco: La lectura y sus soportes en el Centro e-LEA de Urueña, la Villa del Libro anclada en el marítimo paisaje de la llanura vallisoletana.
Se trataba de escuchar opiniones expertas, pero también algunas experimentales, sobre la recepción que el lector hace de la obra según se haga sobre papel o sobre pantalla. Pongamos un símil: se trataba de compartir análisis sobre las diferencias y experiencias entre la cocina de fogón o la de microondas. El símil es burdo, lo sé, pero nos entendemos. Ahí estuvieron estupendos y muy entretenidos grandes chefs de asador tradicional como son José Antonio Pascual, vicedirector de la Real Academia, Antonio Colinas, poeta, y Joaquín Díaz, etnógrafo, a los que Javier Valbuena extrajo sus opiniones después de haberles encerrado durante unas semanas con un microondas (esto es, con un ebook), experiencia de la que salieron con apetito, pero bien nutridos. José Afonso Furtado, de la Fundación Gulbenkian, trajo toda su infinita sabiduría, inagotable, sobre los nuevos tiempos de la cocción literaria y los comensales de hoy en día. Javier No, decano de Comunicación de la Pontificia de Salamanca, completó la visión de la gastronomía que se está innovando en Territoriio Ebook. Ignacio Latasa, director de Leer-e, dejó claros los diferentes sabores que dejan en el paladar las tabletas y los ereaders, que parecen lo mismo pero producen digestiones distintas. El postre giró en torno a las delicias del blog como nueva tertulia entre ausentes inseparables, con Flori Corrionero como perfecta maître de ceremonias del sabroso diálogo a tal fin entre Luis G. Jambrina, novelista, y Óscar T. Pérez y Daniel Monedero, responsables de Artistas Insólitos dentro del proyecto Territorio Ebook. Acabamos en la esbelta ermita de Nuestra Señora de la Anunciada, extramuros, entre risas y aplausos en el estreno nacional del último montaje, al caso que nos ocupa, del grupo teatral Spasmo, plato que llevaba por título Ebook, las edades del libro, un recorrido desde la Prehistoria hasta las Luces en torno a los benéficos efectos de la lectura.
Rondábamos el centenar los profesionales, aficionados y curiosos hambrientos que nos dimos cita en esta jornada que dejó, obvio es decirlo, buen sabor de boca y recetas con las que cuidar la salud lectora. Sin duda éramos un grupo de buenos comensales que no le hacemos ascos a ningún manjar, y el que nos sirvió la Fundación Germán Sánchez Ruipérez estuvo, en todo momento, en su punto, como suele.
No dejaré de mencionar, nobleza obliga, el excelente cordero al horno, en su sentido literal, que sirve La Oveja Negra, ese restaurante que más que nombre tiene título que a Augusto Monterroso le hubiera parecido plagio afortunado.

jueves, 31 de marzo de 2011

Iletrados, luego cabalgamos

El mensaje de que vivimos en una era digital y que la literatura clásica ha quedado obsoleta, cobra fuerza. El significado implícito a tal afirmación es el siguiente: "La literatura clásica es demasiado compleja y no nos interesa un público sofisticado con posibles motivaciones imprevisibles". La historia ha demostrado que el temor a leer siempre proviene del temor a pensar.


[Tatiana Shabaeva, El País, suplemento Rusia Hoy, 31 de marzo de 2011]

sábado, 19 de marzo de 2011

Todo pasa

“Todo pasa y nada queda”,
había escrito Antonio Machado,
antes de que le llegaran
las pruebas de imprenta
en las que la pesadumbre
−árbol que abarca la luz
entera, y ciega−
comenzó a deshojarse
gracias a una tachadura.

Faulkner

Faulkner se llamaba, en realidad, William Cuthbert Falkner y, según parece, Falkner apareció como Faulkner, por error, nada menos que en la portada del primer libro del escritor, que decidió adoptar el apellido para siempre.

Linotipista

Cuando hacíamos periódicos con plomo fundido era frecuente que un linotipista viniera con el papel a advertirme de un error; y siempre tenía razón. El gremio de tipógrafos fue el más culto de la clase obrera porque tenían que leer diarios y libros que confeccionaban.

[José Luis Martín Prieto, La Razón, 16 de diciembre de 2010, p. 55.]

Poetarum limae labor

Nil intemptatum nostri liquere poetae,
nec minimum meruere decus uestigia Graeca
ausi deserere et celebrare domestica facta,
uel qui praetextas uel qui docuere togatas.
Nec uirtute foret clarisue potentius armis
quam lingua Latium, si non offenderet unum
quemque poetarum limae labor et mora. Vos, o
Pompilius sanguis, carmen reprehendite quod non
multa dies et multa litura coercuit atque
praesectum deciens non castigauit ad unguem.
Ingenium misera quia fortunatius arte
credit et excludit sanos Helicone poetas
Democritus, bona pars non unguis ponere curat,
non barbam, secreta petit loca, balnea uitat;
nanciscetur enim pretium nomenque poetae,
si tribus Anticyris caput insanabile nunquam
tonsori Licino commiserit. O ego laeuus
qui purgor bilem sub uerni temporis horam!

[Horacio, Ars poetica]

Oraciones del corrector

El placer de tener por profesión leer a los sabios antes de que lo haga nadie, y encima poder corregirles y ponerles penitencias de tres Padreacentos y un Avecursiva.