Termina la Feria del Libro del Retiro en la que han prohibido la presencia del libro electrónico. Qué pesadez. Desde los bordes de las navidades pasadas, no hay día en que no me encuentre en algún periódico una noticia, columna, reportaje o suceso que verse sobre la inminente llegada triunfal del libro electrónico. Qué empeño. Bien decía ayer el editorial de un periódico que no hay periodista de la sccción de Cultura que no se vea obligado a colocar su reportaje sobre la revolución inminente. El editorialista aplaude la prohibición de la feria del Retiro de que el libro electrónico estuviera presente. Por fin una voz sensata que habla de los excesos de la modernidad por la modernidad: es cool hablar del libro electrónico, glosar sus ventajas, su inevitabilidad... En general, detrás de quien lo suele decir, sólo veo la necesidad de marcar su propia visibilidad en la masa del oficio, marcar un territorio del que se sienten descubridores y, por lo tanto, adelantados para su conquista y explotación. Qué pesadez. Qué aburrimiento. Hay una frase en el nuevo libro del colombiano William Ospina, El pais de la canela, acerca de aquellos que fueron al Nuevo Mundo pensando en hallar un país sembrado por completo de la codiciada especia y el cataclismo que provocaron: "Lo que destruimos era más bello que lo que buscábamos".
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