jueves, 12 de noviembre de 2009

Programas en papel

Estamos en estos días en la Universidad de Salamanca embarcados en unas elecciones de las que habrá de salir un nuevo rector. Hay tres candidatos, con sus programas de gobierno. Al darlos al conocer, surgió una breve polémica sin mucha trascendencia: uno de los candidatos dijo que no era preciso repartir entre la comunidad universitaria el programa impreso; otro afirmó que por supuesto que se iba a hacer en papel.
Resulta sorprendente el protagonismo que ha adquirido en el último año el papel. En un lapso ciertamente breve, unos meses, en todos los ámbitos ha pasado de ser un producto de convivencia cotidiana sin la mayor importancia, como la luz eléctrica, como las gafas, como el micrófono, qué sé yo, a convertirse en un elemento social denostado, sobre cuyo uso se cifra la modernidad más exquisita: el uso del papel se ha convertido en una práctica denostada. Una infamia. Un atraso. Una costumbre antiecológica, antienergético, antisocial.
Todo tipo de papel, de repente, parece haberse vuelto papel higiénico. Y lo más higiénico, paradoja, es no usarlo, para ser considerado moderno.

No hay comentarios: