viernes, 27 de mayo de 2011

Una nota paratextual sobre "Gutenberg 2.0. La revolución de los libros electrónicos"

Los libros de autor (no todos lo son) suelen tener despojos, desechos de casquería que los lectores acostumbran dejar a un lado cuando dan cuenta de ellos. Parecen no muy apetecibles partes de la pieza, que se consideran no comestibles por insípidas ante lo magro que lo acompaña. Tales son los casos, por ejemplo, de las páginas que acogen las dedicatorias o los prólogos.
Hay libros, sin embargo, donde el festín comienza precisamente ahí, en esos preámbulos que parecen acompañamientos obligados y que en las excepciones son indicios de que lo que sigue no puede desmerecer tan magnífica entrada.
Es lo que sucede con Gutenberg 2.0. La revolución de los libros electrónicos que han escrito José Antonio Cordón García, Raquel Gómez Díaz y Julio Alonso Arévalo, recién publicado por la gijonesa Ediciones Trea.
A mayores de la enjundia de las páginas centrales de la obra, exhaustivo estado de la cuestión sobre la mutación del libro tradicional en libro contemporáneo (por enfrentar adjetivos de adecuada semántica), los autores han tenido el ingenio y la habilidad de anteponer una dedicatoria que con buena luz y mejor sorna rompe los cánones del género. Así, más que tributo a los próximos, la página se viste de relato breve donde en sucesivos brindis bienhumorados se resumen actitudes, caracteres y posturas que mucho tienen que ver con la sociología de la lectura o, in extenso, con los profundos cambios que la tecnología está introduciendo en nuestro comportamiento, de tal guisa que en la letanía vemos pasar —apellidados con zumba— a los amantes del vinilo o los integristas de la estafeta de correos, los devotos de la Olivetti o los fundamentalistas de Internet, los ludistas del móvil o las víctimas del low cost, entre otros muchos, tribus analógicas y digitales que conviven en nuestros días, hasta que la próxima generación supere la mayor parte de las paradojas que se encubren y descubren en tan familiar, prolija y original dedicatoria.
No menos moldes (incluso los tipográficos) rompe el prólogo que firma el pionero y maestro digital José Antonio Millán, que alivia la retórica obligada de este tipo de textos, cuyas señas de identidad son el elogio del autor, la ponderación de los méritos del contenido y la incitación a la lectura de las páginas que siguen. Tales viajes, para los que se carga siempre con las mismas alforjas, adquieren en esta ocasión una forma casi poética y de rigor minimalista, puesto que carece hasta de sintaxis y se vuelve nube en la que bailan (tipográficamente cada uno a su son, como corresponde) aquellos términos que componen (o descomponen) el repertorio léxico que cualquier lector introducido en las nuevas tecnologías y el negocio editorial conoce por demás y que forma parte de la jerga con que hoy nos entendemos quienes andamos alrededor del mundo del libro y la lectura; términos que son, como se puede deducir, la síntesis premonitoria de lo que luego nos vamos a encontrar sobradamente analizado en el libro: 110 sustantivos de los que Johannes Gutenberg sólo conoció libro, autor, biblioteca, edición, página, lectura o incluso mercado, pero qué silenciosa contracción de cejas haría hoy si supiera de vocablos como dispositivo, escaneado, soporte, accesibilidad, wiki, blog, RSS o ebook.
En vista de lo cual, viniendo así presentados los aperitivos, me permitirán que del resto del libro ya ni les hable.

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