lunes, 7 de diciembre de 2009

¿Tendrá los mismos efectos sanadores la poesía cuando venga envasada en libro electrónico?

domingo, 29 de noviembre de 2009

Antología invisible

Desde 1992 dos señaladas instituciones públicas, la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional, conceden al unísono el que pasa por ser el gran premio poético del habla hispánica: el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Entre otros hechos, el premio lleva implícita la publicación, bajo el sello de las dos instituciones, de una antología con los mejores versos del poeta galardonado cada año. Los libros se publican en la colección "Biblioteca de América" que abrimos en la editorial universitaria expresamente (aunque no únicamente) para dar acogida a ese canon de poesía en castellano (y también en portugués). He editado muchos de sus volúmenes. Con asiduidad, los derechos de autor estaban en explotación en España en otra editorial, que gentilmente nos cedía la posibilidad de dar luz a esa antología. La aventura, después de 18 años, está llena llena de anécdotas, que dejo para otra ocasión. En algún momento, como ocurrió con Maqroll el Gaviero de Álvaro Mutis, llegó a ser la única edición presente en el mercado, sin coincidir con otras, pero también ha ocurrido que al tiempo que aparecía en el mercado nuestra antología también lo hacía alguna otra, del mismo autor, en esta o en aquella editorial, cuando no era un libro completamente nuevo. Nunca, sin embargo, ninguna de las (magníficas, muchas veces mejores que las de las editoriales comerciales) antologías publicadas en dos décadas ha conseguido imponerse en el mercado. Salvo señaladas excepciones, son libros que no existen para la crítica, para los libreros ni para el público. Transparentes. Acaba de volver a suceder. Se le concede el premio al mejicano José Emilio Pacheco, ya septuagenario y consagrado; en las vísperas de la fecha de la entrega del premio, se repiten las entrevistas con el poeta en la prensa nacional y se alude a la aparición al mismo tiempo de una antología, Contraelegía, otra vez magnífica, que por las fechas está en las librerías. Dos semenas después de esa atención mediática, de la aparición televisiva del acto de entrega, las listas de los libros más vendidos de "El Cultural" y "ABCD las Artes y las Letras" encumbran a Pacheco, sí, pero con un nuevo libro suyo publicado en Visor, con una coincidencia agradecida. Ni rastro de Contralegía.
Siempre he afirmado que el mercado de los libros se regula por sí mismo, sin necesidad de intervención de legisladores: acepta y expulsa por connivencia. Un buen libro, si está hecho por una editorial institucional, lleva en el frontispicio la mácula del desprestigio a priori y carece de opciones de éxito lector. Véase el caso. Lo siento por el público.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Trasiego con libro en mano

Con el periódico, vendían (por sólo un euro) un libro con media docena de cuentos de E. A. Poe, en la traducción conocida de Julio Cortázar, con una presentación muy digna, un librito cómodo con tipografía clara y abierta, papel albísimo y cubierta en cuatricromía. He andado dos días con el ejemplar en la mano, de acá para allá en mis ocupaciones, para leer algún cuento o alguna parrafada en los tiempos muertos. De siempre me ha gustado llevar un libro conmigo, mayor o menor, de un tema u otro, como un amuleto contra los repentinos aburrimientos de las colas o las esperas. En la mano, en el bolsillo del abrigo, en la mochilita, en el asiento trasero del coche. Un simple párrafo, unos versos, una imagen pueden ser un alivio no sabes cuándo. Recuerdo qué libros llevaba conmigo en algunas circunstancias, como recordaré a Poe dentro de algún tiempo mientras su lectura me acompañaba en ese restaurante en el que comí ayer a solas con él. Un ejemplar singular, con rostro, con unos colores concretos. No será igual cuando se estandarice el portalibros y llevemos en un cacharro 200 títulos al mismo tiempo, una biblioteca entera: no leeremos nada, no recordaremos nada, no distinguiremos nada, no tendremos intimidad ni complicidad. La portabilidad sin duda será la misma, pero la singularidad no. Con el librito de Poe he tenido durante dos días un rendez-vous; cuando lo descargue de la red y lo meta en el portalibros, será uno más en la bacanal del consumo y la exaltación de las cantidades, pero carecerá de la virtud del amor a primera vista.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Balzac

Leí durante el verano la novela Balzac y la joven costurera china, de Dai Sijie (apareció por vez primera en Gallimard, 2000); ahora he visto la versión cinematográfica que poco después el propio autor rodaría, con bastante fidelidad. Una y otra cuentan la historia de dos adolescentes a los que en plena Revolución Cultural envían a ser "reeducados" en un pueblecito remoto de las montañas del sur de China. La historia que le ocurrió al propio autor. Se cuentan anécdotas y pasajes de esa situación, entre la comicidad y la ternura. El cogollo se centra en la relación de los dos adolescentes con la Sastrecilla, una jovencita de la que ambos se enamoran, y en parapelo la historia de una maleta llena de libros clandestinos de Cuatrojos, otro joven en su misma situación. La maleta es un lujo prohibido, puesto que los libros que contiene no son los obligados de Mao, Lenin, Marx y compañía, sino de autores como Kipling, Sthendal, Dostoievski, Dumas o Balzac. Este último se convierte en una especie de hilo conductor. Los chicos se leen unos a otros capítulos de las novelas, se los recitan, se los aprenden. La obra alcanza un giro final, que no desvelaré, pero que tiene como resultado que la Sastrecilla decida abandonar el pueblo y emigrar a la vida urbana. En ese trance, Luo, uno de los dos adolescentes, la aborda en el camino y le pregunta qué fue lo que la cambió para tomar esa decisión; ella responde: "Balzac".
No era Balzac, sino la lectura la que la había cambiado y la había hecho otra persona que necesitaba horizontes nuevos. Los libros cambian la vida de quienes entran en ellos. Salen distintos. Otros.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Programas en papel

Estamos en estos días en la Universidad de Salamanca embarcados en unas elecciones de las que habrá de salir un nuevo rector. Hay tres candidatos, con sus programas de gobierno. Al darlos al conocer, surgió una breve polémica sin mucha trascendencia: uno de los candidatos dijo que no era preciso repartir entre la comunidad universitaria el programa impreso; otro afirmó que por supuesto que se iba a hacer en papel.
Resulta sorprendente el protagonismo que ha adquirido en el último año el papel. En un lapso ciertamente breve, unos meses, en todos los ámbitos ha pasado de ser un producto de convivencia cotidiana sin la mayor importancia, como la luz eléctrica, como las gafas, como el micrófono, qué sé yo, a convertirse en un elemento social denostado, sobre cuyo uso se cifra la modernidad más exquisita: el uso del papel se ha convertido en una práctica denostada. Una infamia. Un atraso. Una costumbre antiecológica, antienergético, antisocial.
Todo tipo de papel, de repente, parece haberse vuelto papel higiénico. Y lo más higiénico, paradoja, es no usarlo, para ser considerado moderno.

Labor Editorial

El ministerio de Cultura le ha dado el premio a la Mejor Labor Editorial a dos editores amigos: Gadir y Marcial Pons. El primero pasó como alumno por el Máster de Edición que creamos hace diez años; el segundo es un clásico de toda la vida, antes librero que editor, amigo entrañable. El premio se concede a editoriales con un fondo culto y sin alharacas. Lo han recibido ya probablemente todas las editoriales que responden a ese patrón, aunque nunca dejan de aparecer nuevos sellos que caminan por esa misma senda, como Gadir. Hace 16 años intenté que dos editoriales institucionales estuvieran en el bombo de los candidatos, sin éxito; alguna vez más con posterioridad lo he vuelto a sugerir, sin éxito. Las publicaciones de la Abadía de Monserrat y las de la Universidad de Salamanca llevan más de 500 años haciendo buenos libros, sin salirse de la senda, pero ser las dos editoriales más antiguas de España al parecer no es mérito suficiente para que su labor editorial sea considerada meritoria. Lo público, en libros, es ofensivo, aunque sea esencial.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Los futuros ebooks antiguos, raros y curiosos

Ayer finalizó la XVII Ferila del Libro Antiguo y de Ocasión. Es un rito que cumplo al menos dos o tres veces al año: visitar las casetas donde me ofrecen libros que no sospecho que existían, con un fuerte juego del azar y la sorpresa. Dos veces al año en el paseo de Recoletos, ocasionalmente la cuesta de Moyano cuando se tercia, quizá un mercadillo o una feria pillada al vuelo casual, y por octubre sobre el tablero de piedra de la plaza Mayor salmantina. Uno curiosea los anaqueles, las mesas, los rincones, esperando encontrar el desamparo de un volumen que entre las manos se vuelve pájaro. ¿Qué será de estas ferias cuando la modernidad absoluta del libro electrónico se imponga? ¿Qué veremos bajo la sombra de las trapas? ¿Cómo se alinean los ebooks en una feria de ocasión? ¿Por tipo de aparato lector, por sistema de lectura, por año o versión del programa? ¿Cómo se hojean? ¿?Funcionan? ¿Desde cuándo un libro "funciona"? ¿Qué será un "libro raro y curioso" cuando ya no sean de papel? ¿Tendrá sentido una feria de cacharros sin cubierta, sin olor a humedad, sin esquinas rotas?