viernes, 8 de mayo de 2009

Quizá fuera una intención mía cuando me propuse abrir esta bitácora aprovechar la escritura íntima y personal para reflexionar sobre la actualidad de la profesión de editor. Pero esto mata a cualquiera. No hay día en el que en los distintos periódicos que intento leer, en la información que me llega por el correo electrónico, la navegación por la red, los focos intensos con que la información asedia hoy al consumidor, no se hable del libro electrónico, de Google, de la revolución. Me mareo. Me rindo. Las noticias se superan unas a otras y no merece la pena comentar tanta fugacidad. La modernidad parece ser lo único que importa. Si no estás en lo último no eres cool. Hay que matar el libro venerado, aunque esté tan sano como siempre. Muera el libro. Viva el artilugio.

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