lunes, 26 de noviembre de 2012

lunes, 23 de julio de 2012

Esther Tusquets

Hoy ha muerto Esther Tusquets. Descanse en paz. Sus varios libros de memorias han sido enriquecedores para mi conocimiento de la profesión, pero de entre todos sus pensamientos me quedo con aquel que dijo en una entrevista, hace veintidós años si no recuerdo mal, en la revista Quimera probablemente, en la que expresaba su aburrimiento por “tener que llamar otra vez a la imprenta y encargar otros diez mil mafaldas”, sin que sea frase literal. Se refería a cualquiera de los libros de tiras cómicas del inolvidable personaje creado por Quino, cuyas exitosas ventas, afirmaba, le permitían el placer de publicar los libros de poesía, que era lo que de verdad le gustaba. En aquella misma entrevista soñaba con publicar no más de cinco o seis libros al año, lo que le apeteciera, en vez de cuarenta o cincuenta que tenía que dar a luz para que la máquina editorial siguiera su curso. Nunca olvidé esa reflexión, porque en aquellos años era precisamente lo que yo hacía como editor junto al querido Ángel Carril. Desazonado como estoy con el oficio, me siento epígono de una generación de editores cuyos gigantes eran Esther Tusquets y todos los que ya se han ido o los que quedan en pie, los últimos antes del incendio sin remedio en el que arderá toda la edición en papel.

sábado, 7 de julio de 2012

Papanatas

La sobreabundancia de información causa estragos y desorientación. También produce, a la par, ignorancia.

La de Salamanca es una editorial universitaria normalita, hacendosa y pulcra, sin otro cometido que el de darle brillo a la tradición académica salmantina y hacer buenos libros en la medida en que le sea posible. Siempre estuvo atenta a los cambios, desde que Antonio Tovar la reinstauró en el quehacer universitario, hace casi setenta años.

Viene a cuenta este aviso porque leyendo un artículo en la revista Trama & Texturas, n.º 17 (mayo 2012) ―que dice ser revista “sobre edición y libros, sus hechos y algunas ideas”―, encuentro de nuevo uno de esos asertos que descubren mediterráneos cuando la autora, que ofrece ideas ingeniosas para que el viejo editor pase a la mejor vida digital, viene a informarnos de la sorprendente novedad de cierta editorial norteamericana, Rosenfeld Media dice llamarse, que es ejemplo de modernidad por editar sus libros en múltiples formatos al mismo tiempo: tapa dura (doy por hecho que quiere decir impreso), PDF, ePub y Mobi. Vaya por Dios. La autora, que trabaja para una editorial digital (¿no será acaso más bien una librería digital?) parece ser que ha de mirar con luces largas lo que ocurre en el mundo, que siempre parece estar lejos del entorno. Hacer eso mismo en un pueblecito de la meseta castellana que tiene una universidad ocho veces centenaria no parece aportar glamour a la lección. Varios años lleva Salamanca editando de salida sus libros en esos mismos formatos, sin que cause la admiración de los profetas.

Ya pasó lo mismo hace muchos años: Barbara Probst Solomon, tan aficionada a España, publicó un artículo de página entera en El País hacia el año 2000 muerta de admiración por no sé qué editorial norteamericana que acababa de descubrir el futuro en la edición bajo demanda, que Salamanca ya llevaba por entonces varios años practicando en silencio y con buena letra.

Lema reivindicativo de correctores indignados

¡Menos mayúsculas y más comas!

viernes, 6 de julio de 2012

Erratas al sol

Las erratas más dañinas se encuentran siempre en la parte más visible de un libro, digamos la cubierta, la portada, el índice, las portadillas, los textos introductorios o los títulos de los capítulos, más que en el texto corrido. Parece responder a alguna ley nefasta de la corrección, un castigo que ensombrece quizá un buen trabajo echando un borrón donde el daño es inocultable e irreparable, salvo la presumible vuelta a la impresión si el dolor es insoportable. Ello es producto de la falta de atención en lo que parece más evidente. Recuerda el argumento que planteaba Edgar Allan Poe en su famoso relato La carta robada: un inspector de policía busca afanosamente en un domicilio determinado una carta comprometedora para una dama que ha sido robada por el sospechoso, de tal forma que la investigación incluye los lugares más recónditos del domicilio, pongamos por caso una pata hueca de una silla que ha sido desmontada y vuelta a montar a tal fin encubridor; sin embargo, la trama se resuelve del modo más elemental: la carta estaba tan a la vista y a mano como sobre un tarjetero encima de la repisa de la chimenea. El lugar menos sospechoso. Poe pone un ejemplo muy adecuado de cómo lo más evidente es lo que menos se ve: 
Hay un juego de adivinación […] que se juega con un mapa. Uno de los participantes pide al otro que encuentre una palabra dada: el nombre de una ciudad, un río, un Estado o un imperio; en suma, cualquier palabra que figure en la abigarrada y complicada superficie del mapa. Por lo regular, un novato en el juego busca confundir a su oponente proponiéndole los nombres escritos con los caracteres más pequeños, mientras el buen jugador escogerá aquellos que se extienden con grandes letras de una parte a otra del mapa. Estos últimos, al igual que las muestras y carteles excesivamente grandes, escapan a la atención a fuerza de ser evidentes, y en esto la desatención ocular resulta análoga al descuido que lleva al intelecto a no tomar en cuenta consideraciones excesivas y palpablemente evidentes. 
La similitud de la circunstancia con la que el corrector ha de comportarse pone a prueba su habilidad para pastorear las imprevisibles erratas hacia las zonas más sombrías del libro, y no en los lugares donde luce el sol y hace brillar los desperfectos.
 

La letra pequeña

Hoy dan cuenta los medios de comunicación de la Circular 5/2012 de 27 de junio del Banco de España, publicada en el BOE el 6 de julio, en la que la máxima autoridad bancaria nacional entre otros hechos pretende racionalizar la conducta y aumentar la transparencia de las entidades de crédito, especialmente cuando firman con los clientes contratos de depósitos, créditos al consumo y préstamos hipotecarios. Parece ser que, en un abuso de disimulo, la famosa “letra pequeña” de los contratos de toda la vida, esa parte donde se esconden los trucos y engañifas que causan tantos disgustos, era, más que minúscula, diminuta. Diríase que no se habían dado cuenta hasta ahora, vaya por Dios. Así que han regulado su tamaño.

Un punto de sorna hay en el reflejo de la noticia ya que el redactor de la circular bancaria no debía ser muy ducho en tipografía, ni tenía tiempo de preguntar a ningún profesional, y ha acabado redactando que la letra pequeña ha de tener un mínimo de un milímetro y medio. De lo que se deduce que los bancarios pueden endosarnos su jerga cuanto quieran, pero desconocen otras. Las dudas de interpretación han hecho chanza del asunto especulando sobre si tal medida se refería al “cuerpo central” (tampoco el periodista era docto en tipografía, ya que hubiera debido decir ojo medio) o si también afectaba a “las partes superiores e inferiores que sobresalen de las letras” (esto es, los rasgos ascendentes y descendentes); así las cosas, no queda claro si la letra pequeña de los contratos no podrá ser menor del cuerpo 7 o podrá encogerse hasta el cuerpo 4.

No parece que hayamos avanzado mucho, si tenemos en cuenta que lo habitual es componer por lo menos con el cuerpo 10, aceptando el mínimo del 8 para las notas a pie de página.

Seguirá habiendo abusos, además de ignorancia tipográfica.

sábado, 30 de junio de 2012

Ello

Estamos en plena competición de la Eurocopa de Fútbol; en un anuncio televisivo, Iker Casillas lo detiene todo con tan solo mover su mano, excepto un determinado automóvil, que le ignora y sigue su camino. Al final, se ve al portero madrileño conduciendo el vehículo y su propia voz en off afirma: "Si no puedes con ello, únete a él".

Los conocimientos gramaticales del publicista son un auténtico atropello.

martes, 19 de junio de 2012

El editor en equipo

Un amigo editor, recién fichado por uno de esos megagrupos que conciben la publicación de libros como una expendiduría de churros, me confesaba hace algunos años sus perplejidades: “Es algo alucinante. Nos pasamos el día entero reunidos. Primero una reunión con los responsables del marketing, para diseñar la estrategia publicitaria del inminente best-seller. Después, una reunión con los distribuidores, a quienes tratamos de convencer de que ese best-seller va a ser la caraba. Tras un pequeño refrigerio, nos reunimos con los comerciales, explicándoles los trampantojos y embelecos que deben emplear para camelar a los libreros y colarles el bodrio en cuestión. Hacia el final de la mañana, el jefazo nos convoca en su despacho, para que le rindamos cuentas sobre lo acaecido en las anteriores reuniones. Y así un día tras otro. A la semana siguiente publicamos otro best-seller y se repiten las mismas reuniones, en las que se vuelven a diseñar las mismas estratagemas archisabidas. Lo más chocante es que mis compañeros se comportan como si todo les pillase de nuevas, como si fuera la primera vez que pronuncian esas palabras gastadas que repiten por enésima vez. Acatan con una naturalidad pasmosa su condición de peones en una representación ritual, e incluso han llegado a desarrollar un hábil virtuosismo, consistente en remolonear por los pasillos, entre reunión y reunión, para no tener que pisar los despachos. Cuando me ficharon, pensé que mi trabajo consistiría en leer libros y proponer la publicación de los que hallara más interesantes; ahora he comprendido que esa labor se deja en manos de las agentes que nos venden sus maulas, o de las dotes adivinatorias de mis subalternos. Mi cometido consiste, pura y simplemente, en reunirme. Y ahora me disculparás, porque tengo que asistir a una convención de editores. Mi vida, chico, parece una novela de Kafka, pero en versión gilipollas”.


(Juan Manuel de Prada, 2002)

La invención del fuego

Leía Crónica del Pleistoceno, un libro de Roy Lewis publicado por Anaya & Mario Muchnik en 1994, pero cuya edición original en inglés databa de 1960. Es una fábula en la que el autor hace una descripción humorística de cómo era la vida cotidiana en la prehistoria. En un momento dado, en las primeras páginas, un personaje le pregunta a otro: “¿Cuánto hace que juegas con el fuego?”, a lo que este responde: “Oh, lo descubrí hace meses. ¿Y sabes, Vanya? Es de lo más fascinante. Las posibilidades son estupendas. Quiero decir que es tanto lo que puede hacerse con él…Mucho más que una simple calefacción central, aunque ese no deja de ser un gran paso adelante. Apenas si he comenzado a descubrir sus aplicaciones. Pero solo consideremos el humo: aunque no lo creas, asfixia a las moscas y mantiene a los mosquitos alejados. ¡Claro que el fuego es una cosa engañosa! Difícil de llevar con uno, por ejemplo. También tiene un apetito voraz: come como un caballo. Propenso a ser malévolo, causa un escozor peligroso si no se tiene cuidado. Y es realmente nuevo; abre una perspectiva positiva de…”

Llegado ahí en la lectura, cambié la expresión fuego por libro electrónico y me parecía la misma cosa: los titubeos iniciales del descubrimiento son semejantes, las ventajas y desventajas del hallazgo.

El relato ahí luego se ponía jocoso: “Pero de pronto el tío Vanya lanzó un fuerte chillido y comenzó a saltar sobre un pie. Yo había observado con gran interés que durante un rato había estado encima de una grasa al rojo vivo. Se había exaltado demasiado en la discusión para notarlo, o para advertir el ruido silbante y el extraño olor que siguió. Pero ahora la brasa lo había mordido a través de la piel de su empeine”.

Te calienta, pero si te descuidas te quema.

sábado, 26 de mayo de 2012

Campos de Castilla

En 2012 se está cumpliendo el centenario de la publicación de la obra más definitoria de Antonio Machado, Campos de Castilla. A lo que me importa, quiero recordar aquí que fue publicada por una editorial institucional, la Residencia de Estudiantes, que tenía como director de publicaciones a un tal Juan Ramón Jiménez. De la obra se hizo una tirada de 2.300 ejemplares y fue un éxito desde el principio.

domingo, 13 de mayo de 2012

Unamuno

En la editorial acabamos de publicar un nuevo libro, recopilatorio de cartas, de Unamuno, que con los años cada vez escribe mejor.

sábado, 5 de mayo de 2012

jueves, 3 de mayo de 2012

Teoría del bestseller

El bestseller ya no es el resultado de un pronunciamiento posterior del público, sino de la decisión editorial previa de fabricarlo.

(Javier Pradera, 2001)

miércoles, 2 de mayo de 2012

martes, 1 de mayo de 2012

Pequeño editor

Lo que yo creo es que, cuando uno se define o no tiene más remedio que definirse como pequeño editor, además de independencia –que se le supone– está haciendo declaración de vocación. Y la vocación del pequeño editor es descubrir. Es mucho más que un ojeador, es un descubridor. Y el que descubre, saca a la luz. Demos un paso más: el que saca a la luz, ilumina; el que ilumina, llena de conocimiento e inquietud y satisfacción a quien puede ver; pero el paso que sigue, el del aprovechamiento del descubrimiento, es tan lógico como la existencia de las oficinas de patentes. La explotación a futuro de su descubrimiento, que puede exigir con todo merecimiento, es harina de otro costal. Quien ha decidido dar la luz corre el riesgo de ser visto; es más: es visto. (José María Guelbenzu, 2001)

miércoles, 25 de abril de 2012

Resplandores

Hay autores que más que brillantes o luminosos son fosforescentes.

Ojos de águila

El que quiere andar con cuidado tropieza con frecuencia; y el que intenta sacar un libro sin errores sale mal parado. La imperfección acecha en todas partes, por mucho que los hombres la busquen con ojos de águila. Con mucha frecuencia entrará sigilosamente por la puerta trasera, aun cuando el vigilante tenga los ojos bien abiertos. Ahora el fallo está con el autor que escribe el original, ahora con el impresor que lo lee después. En resumen, será así aunque pase por muchas manos y bajo muchos ojos; cuanto más será así cuando es solamente un hombre quien lo lea.


(Dirk Pieterszoon, 1644)

miércoles, 11 de abril de 2012

El corrector capaz

El corrector (de que hubo antiguamente y hay muchos graduados en las universidades en diferentes ciencias) ha de saber Gramática, Ortografía, Etimologías, Apuntuación, colocación de acentos, tener noticia de las Ciencias y buenas letras, haziéndose capaz de asumpto del libro que se imprime, conocimiento de Autores, de caracteres griegos y hebreos, cifras médicas, astrológicas, abreviaturas escolásticas, reglas de música para libros de canto [...], elocución y arte para emendar barbarismos, solecismos y otros defectos que se cometen en latín y romance, saber el comportamiento de las planas, para que salgan en orden, y numerosos, y cuenta para los folios. Demás desto ha de tener el oído atento a lo que lee, la vista a lo que se mira: el entendimiento a la contextura de lo que se corrige para emendar faltas, y tanta atención que cualquiera defecto corre por su cuenta.

(Gonzalo de Ayala, siglo XVI)

viernes, 6 de abril de 2012

¿Cómo se arranca una página de un periódico en una tableta?

jueves, 5 de abril de 2012

Catálogos

Los catálogos tienen un encanto especial. Se pueden leer por el principio, por el fin o por el medio. No es preciso que guardemos orden en su lectura [...]. Los catálogos más admirables son los de los libros. Quien ame apasionadamente los libros encontrará en un catálogo, a cada paso, motivos de sorpresa, de asombro, de codicia, de pasmo y de admiración. Este libro que se anuncia en el catálogo que tenemos entre las manos, ¿es realmente la edición que codiciamos? De tal obra existe una edición fraudulenta; hay también una edición del mismo año que la que nosotros ansiamos; pero con una variante de importancia. Además, en esta edición anunciada, ¿estará el retrato del autor y la tasa y la fe de erratas que en algunos ejemplares se han suprimido?... Quisiéramos que los libros se describieran y extractaran de tal modo que no fuera necesario comprarlos.

(Azorín, 1925)